miércoles, 29 de marzo de 2017

Arco de Cirés. Establecimientos comerciales en los años veinte y treinta.

Fotografías de la entrada a la calle de Cirés  a través del arco que se abría entre Conde del Asalto/Nou de la Rambla y Cirés.
 
 
                                                        Casas i Galobardes. Años veinte/treinta. ANC.
 
 
                                                                     Casas i Galobardes. 1930
 
 



                                                  Branguli. 1939-42. Entrada al Arco de Cirés por Conde del Asalto.

 
 
                                                            Branguli 1939-42. Entrada desde Conde del Asalto.
 
 
                                                                         Branguli 1939-42. Vista desde Cirés
 
 
 
Arco de Cirés, o Cirés, fue una de las calles del barrio chino. Al igual que sucede con la calle Mediodia con la que cambiaba su nombre en el punto conocido como las cuatro esquinas, nada queda de ella, sepultadas ambas por la avenida Atarazanas.
Una calle estrecha, sucia, corta a la que se accedía a través del tunel del Arco de Cires que la comunicaba con Conde del Asalto. Una calle que desde la mañana y hasta la caída de la tarde tenía el espacio público ocupado con paradas callejeras de frutas y verduras, un mercado callejero donde las gentes del barrio chino se abastecían de alimentos. La parte trasera del número 57 de Conde del Asalto se abría a la calle de Cirés, y desde el balcón del segundo piso del inmueble, Casagemas, el pintor amigo de Picasso, tendría una inmejorable vista del bullir del barrio chino.
 
                                                           Picasso - Retrato de Casagemas. 1900-01.
 
 
 
No era muy saludable vivir en Arco de Cires, y no me refiero con ello a la circunstancia de ser con frecuencia -Victor Balaguer a mitad del siglo XIX dice que es conocida como calle de las barallas- un lugar donde se dirimian desencuentros a navajazos. Cuando aparece Cires en la prensa de la época, por lo general es a causa de una pelea en donde uno de los contendientes ha tenido que ser trasladado al dispensario de la calle Barbera para que le zurzan el costurón que le ha hecho su rival con una navaja. Cuando no son las peleas, lo que hace asomar el nombre de la calle a un periódico es la noticia de una multa con la que se sanciona a algún establecimiento de comidas por servir alimentos en mal estado, o también como una de las calles que aparece en las estadísticas que durante el primer tercio del siglo pasado señalan que las calles del barrio chino tienen una mortalidad que multiplica la del resto de calles de la ciudad. En Cires, también en el resto de calles del barrio chino, se muere mucho más que en el resto de zonas de barcelona por enfermedades infecciosas. El hacinamiento, el mal estado de las viviendas, la comida en mal estado y en poca cantidad, el frio del invierno, el sentimiento de haber llegado al fondo de mucha gente vencida, todo ello influye en un estado personal favorable a la proliferación de gérmenes.
Despres - 27 de julio de 1935. Porcentaje de muertos por enfermedades infecciosas y contagiosas en el conjunto de Barcelona y por inmuebles. La flecha señala la mortalidad en varios edificios de la calle ´Cirés. Un 250% más alta que en el conjunto de Barcelona.
 
 
 
Una de las peculiaridades de las agresiones que se producían en Cirés, es que el agresor siempre era un desconocido y el agredido ignoraba de quien se trataba y a santo de qué le habían dado una puñalada. Otra cosa no tendrían pero había una solidaridad entre los humildes que les llevaba a cerrar filas ante los agentes de la autoridad. Ya se encontraría el herido con ese desconocido agresor en otro momento y ya veríamos que cuentas se saldaban.
 
 La Vanguardia - 17 de octubre de 1923. Una mujer a la que no conoce e ignorando el motivo, le pincha en el hipocondrio, o sea que iba buscando el corazón.

 
Cires, Mediodía, Arco del Teatro, Cid, calles que inspiraban un sentimiento de fascinación entreverado de asco a los burgueses y también a los ciudadanos progresistas. En las reflexiones escritas  sobre el interés de que se abra la vía B del plan Baixeras entre Muntaner y el  Portal de la Pau,  tras  las disquisiciones sobre la mejoría higiénica que supondrá la apertura, se trasluce -y a veces se expresa sin paliativos- que lo que se quiere eliminar es lo que llaman invertidos, viciosos, drogadictos y delincuentes. Gente en su mayoría de una piel más cetrina de lo usual en Barcelona, venida desde el sur de la península a rebufo de la necesidad que las industrias de Cataluña tienen de más brazos. 
No hallaremos en Cirés cabarets o salas de espectáculo o cualquier otra modalidad de locales de ocio exceptuando las tabernas. Claro que en ninguna de las calles del barrio chino (del cogollo del barrio chino, las calles que delimita el poligono formado por Conde del Asalto, Ramblas, Portal de Santa Madrona y Paralelo) hubo salas de fiesta. No me olvido de La Criolla, Cal Sacrista, la Taurina o el Villa Rosa. Los que cito fueron los locales que abrieron o se abrieron para sectores marginales de la sociedad. En unos casos, La Criolla, Cal Sacrista, los homosexuales de los primeros decenios del siglo pasado se protegieron de la moral imperante y de las normas legales en locales del centro del barrio chino, y en los otros, la gente del bronce oía tocar y bailar flamenco. Ambos, homosexuales y gitanos, grupos a los que la sociedad rechazaba y aislaba en guetos. Cosa distinta es que con los años, la burguesía catalana llegara a apreciar el punto de emoción que causaba visitar los locales que menciono y se llenaran de gente, pero eso fue en una segunda fase. Las salas de fiesta, las taxi girls,
los teatros, los cabarets estuvieron en otras calles. En Arco de Cires, y en el resto del barrio chino, a lo sumo se proporcionó la clase de tropa para esos otros locales.
 
Quizá la persona más relevante de Arco de Cirés fue el boxeador Antonio Valero que con sus triunfos llenó de orgullo a sus convecinos. Los habitantes de la calle salian a festejar con gritos cada una de las victorias de su campeón  Antonio Valero
 
 
En Arco de Cires, encontramos el mismo tipo de locales que en el resto de calles. Con un tropismo por los ropavejeros. Está la familia Cuende, que tiene otro local en Arco del Teatro, pero hay varios más que se dedican al negocio de comprar y vender ropa usada. De la mayoría de establecimientos no hay información. Tabernas, carnicerías, carbonerías que aparecen y desaparecen y no dejan huella.
 

Arco de Cirés. Establecimientos comerciales
 
 
Números impares
1. Trapería de García Soria (1924-1936). Como siempre, coloco los años extremos en los que encuentro información del establecimiento.
De vez en cuando García Soria aparece en la prensa, detenido por haber encontrado la policía armas en su trapería o por compra-venta de material que sugiere un robo previo.
3. La Viña de Gelida, taberna. Especialidad en caracoles y pescadito frito (1929).
 
 
                                                           El Diluvio - Abril de 1929.
 
 
9. José López, profesor de contrabajo y saxofón (1930).
15. Carbonería (1918).
       Legumbres cocidas "La Conca" (1920).

 
 
 
Números pares

2. Carpintería de Solá Pla (1936). En uno de los pisos del inmueble Pedro Cardona, profesor de música imparte lecciones de trombón y bajo (1930).
6. Tienda de pesca salada (1926). Narciso González, profesor, como el del número 2, de trombón y bajo (1930).
10 Taberna "A Can Llorenç" (1920).
      Bar de Pedro Juliá (1929).
 
      Taller de relojería de'l "obrero" de Pascual Lozano (1932).
 
                                                           El Diluvio. Abril de 1929
 
 
 
           
12. Vaquería de Juan Cot (1908)

14. Colmado Ramos (1934).

16. Carnicería (1924).

18. Compra venta de ropa usada "La Universal" (1911-1932). Una de las tiendas de la familia Cuende. La otra tienda, dedicadas ambas a la misma actividad, "El Arco Iris", se encontraba en el número 26 de Arco del Teatro. En 1911, los hermanos Pablo y Pascasio tuvieron sendas traperias a lado y lado de la calle, a tocar de  las cuatro esquinas, en los números 18 y 15.
                                                     Esquella de la Torratxa. 1932
 
 

Ya en los números 18 y 15 termina la calle que desemboca en las conocidas como cuatro esquinas.
 Las cuatro esquinas

                                             La calle de Cirés desde las cuatro esquinas. Josep Domínguez, 1932.
 

 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Agencias de varietés en Conde del Asalto/Nou de la Rambla en los años treinta.




                                                   Dibujos de Arteche en Última Hora. 18 de marzo de 1936



Si hacemos el ejercicio mental de considerar el barrio chino canónico -el que se encontraba dentro del área que delimitan las calles Conde del Asalto, Ramblas, Portal de Santa Madrona y Paralelo- como un enorme cuerpo social donde la presión evolutiva ha terminado por asignar a cada calle una especialización,  al igual que sucede con los seres vivos donde cada órgano tiene una función principal, bien que haya funciones distribuidas entre varios órganos y aún alguna de ellas se expresa en todos los órganos, a la calle Conde del Asalto/Nou de la Rambla le correspondería como principal función la de almacén que surte a todas las salas de espectáculo, cabarets, bares con tanguistas, teatros y también a las personas que viven de la calle y en particular de conseguir la atención de quienes van en busca de un cuerpo y frotarse con él un rato.

En Conde del Asalto se visten, las vedettes seleccionan las boas y las plumas que lucirán en su espectáculo, y todas -y todos- se maquillan, se cuidan el cabello, compran zapatos y sombreros de artista,  y sobre todo aprenden a bailar, cantar y actuar. Ni que sea, como así sucede en la mayoría de casos, al mínimo nivel de aprender unos pasos de baile. El  suficiente para abastecer de carne humana la numerosa cantidad de locales donde el negocio consiste en poner en lo alto de un escenario a varias chicas del barrio chino con la menor cantidad de ropa que permita la censura, dando cuatro pasos de baile y, cuando es posible, cantando.

Son las agencias de varietés las encargadas de dar a esa tropa el mínimo baño de habilidades artísticas que les permita desenvolverse con mayor o menor soltura en las sala de espectáculo. Si bien, hasta donde tengo visto, todas las agencias tienen el personal preciso para sar salida a cualquier inquietud artistica de sus alumnos, baile, canto, incluso tocar uno u otro instrumento músical, bastantes de entre ellas se especializan en determinada dirección. También son conocidas como academias de baile, aunque desde fuera el nombre de academia de baile pueda llevar a equívoco con otro negocio, el de la tanguistas, o entrenadoras de baile, que ofrecen por poca cantidad de dinero la posibilidad de bailar con ellas.

Hablemos de las agencias de varietes. Se decía que en Conde del Asalto, durante los años treinta en cada portal había al menos una agencia. He conseguido encontrar la localización de varias, no de todas, probablemente ni de la mayoría. Mis pesquisas han consistido en el vaciado de los Anuarios Riera-Bailly de 1934 y 1936, la Guia Telefónica de 1936, el Anuario Musical de España de 1930 y lo que he encontrado en la prensa de los años veinte y treinta, en particular Ultima Hora de ERC que durante un tiempo estuvo tratando la calle Conde del Asalto, y la revista Mirador  muy interesada de vez en cuando en las agencias de varietés. He encontrado 26 agencias que funcionan en los años treinta.  Descarto las agencias que he encontrado en otras calles, Guardia, Lancaster... Son pocas en número.  Al peatón que por las tardes recorriese la calle, debía de llegarle desde las academias de baile, el sonido de las castañuelas, el repiqueteo de los tacones en los tablados, la voz que se iba ajustando al compás que le marcaba la guitarra.  

No habiendo encontrado quizá ni a la mayoría de ellas, creo que no me he dejado ninguna de las más reputadas, las de más nombradía. Asi, que veamos. La relación es de las academias de varietés operativas en los años treinta y ubicadas en la calle Conde del Asalto


CONDE DEL ASALTO. Acera de los números pares.

4. Academia de varietés de Ramón V. Tragán. 1º piso.  Tragán en sus ratos libres era letrista. Mano a mano con Joan Viladomat, Viladomat componiendo y Tragán escribiendo la letra, sacaron una sardana de mucho sentimiento "Catalunya plora".

4. Academia de baile de Rafael Parellada. Rafael Parellada, compositor y músico, aparece como director de orquesta en algún espectáculo del Eden Concert.


6. Al cerrar el Bar Bobino en 1931, la planta baja del edificio lo ocupó otro local, el Bar Harem y en el piso superior se instaló la academia de baile de Nieto de Molina y Pascual Codes.


42. Academia de varietés Reyes-Quiroga. En el entlo. 2ª. Vicente Reyes, gran bailarín, y Manuel Quiroga, compositor.
   
 Vicente Reyes. Estudio sobre la  colección fotográfica de Vicente Reyes - Autora: Anna Bertran Morancho.  http://www.iefc.cat/pdf/colleccio-vicente-reyes-anna-bertran.PDF
 

48. Academia de varietés de Francisco Codoñer "Lito" y Mercedes Belenguer. Ambos eran compositores y Mercedes una buena letrista. Tras la guerra, "Lito" compuso una canción "Mi casita de papel" con letra de Mercedes, que tuvo gran éxito interpretada por Jorge Sepulveda.

                                                                           Francisco Codoñer
 
 
 
 
 
58. Academia de varietés de Vinicio y M. Jo. En el pral.
 
 
60. La academia de varietés de Copernico Oliver "Gordito". Por su academia pasaron Raquel Meller y la Chelito. Eran tantas las que llamaban a la puerta de Gordito, que contaba para dar clases con varios pianistas y maestros de canto. Sus clases sirvieron para colocar a cientos de chicas de buen ver en los locales del Paralelo. En 1919, aparece Gordito como director artístico de Gran Infern, el music-hall de Marques del Duero, 71. Caía bien a los periodistas, que lo retratan como una persona jovial, de corta estatura y con un abdomen prominente. En los años treinta, obtuvo una plaza de telegrafista en Zaragoza y cerró el local.
                                       La academia de Gordito. Probablemente en los inicios.
 
 
60. Academia del trio Lara. Enseñaban a bailar y producían las coreografías de varias de las compañias de varietés que recorrían España.

Edito: Enrique R. de Lara autor del magnífico blog Trio Lara - Los colosos del baile (Trio Lara - Los colosos del baile) dedicado a la historia del famoso trio de baile español, me señala en un amable correo que le agradezco, que la academia se llamaba Academia Lara y que se fundó en el número 89 de Conde del Asalto en donde se mantuvo activa hasta el año 1977.

68. En el principal se encuentra la academia del maestro de música Kadu. En el Lyon D'or anuncian su actuación como maestro de varietés en anuncios del año 1935.
                                                                           Noviembre de 1935. El Diluvio.
 
 
76. Academia de varietés de José Albelda. Pral 2.

80. Academia de música del maestro Sanmartí. 1ª piso.

80. Academia de varietés Gandia.

84. Vicente Fornés. Maestro de música. Pral. 2ª

 
88. Academia de varietés de Ferriz y Díaz.

 
92. Academia de variedades La Colosal, del maestro Viladomat. Un grande. Compositor de éxitos como el Fox-Trot de Las Campanas o el Tango de la Cocaina. Cuenta Passarell que en los años treinta languidecía el negocio de su academia, atraídas las aspirantes a bailarina de cabaret o de teatro de varietés al más interesante porvenir de actriz de cine. También de alguna sardana.
 
                                                                 El maestro Viladomat.


 Viladomat en su academia dando una clase a la chica de su izquierda (porque la que está de pie es la madre de la artista y la que se encuentra a la derecha de Viladomat la hermana fea de la artista, supongo. El varón que mira sonriente al fotógrafo debe de ser el amigo de una de las tres. Por la cara de contento,  de la artista que es la más atractiva).  Revista Mirador n.114.  1931
 
 
 
 
                                                                         Tango de la cocaína.
 
 
 
 
Acera de los números impares.
 
 
23. Academia El Couplet Moderno de Joaquín Zamacois. Gran compositor de couplets, alguno cantado por Raquel Meller. Zamacois fue profesor del Conservatorio del Liceo y más tarde director de la Escuela Municipal de Música de Barcelona (desde 1949, Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona).
 
                                                                  Raquel Meller cantando Nena de Zamacois. 
 
 
 
 
39 y 41. Academia de varietes Camprubi. Entlo 1ª.
 
 
53. Rafael Vega, profesor de baile. Bajos.
 
 
 
 
 
55. Academia de varietés Barceló.
 
 
73. Academia de José Albelda. Entlo.
 
 
87 y 89. Academia de baile Ducal. Bajos.
 
 
87. Academia de varietés Antonio Alcaraz.  
 
 
89. Academia de baile "Lara" que habíamos visto en el Anuario de Riera de 1936 en el número 60, pasó más tarde al número 89  donde continuó desarrollando su fecunda labor en favor del baile español hasta su cierre en el año 1977.
 
 
89. Academia de varietés Pedro Torres. Pral. 1º.
 
 
91. Academia de varietés Carrasco.  Bajos.
 
 
95. Academia de varietés Llanos y R. Laka.
 
 
103. Academia de varietes de Ramón Laca. Sospechosamente parecido el nombre al de la academia del número 95 (R. Laka). La academia del número del 103,  aparece en el Anuario Riera de 1934.  R. Laka del número 95 aparecía en el Anuario Musical de España del año 1930
 
 
 
 

domingo, 26 de febrero de 2017

Las burras de leche de la calle Robador, 49.

Tres burras de leche,  y su burrero, de camino por las Ramblas, cerca del cruce con la calle Hospital. Al fondo, la iglesia de Betlem. Autor y fecha desconocidos.



                                                   Branguli. En la calle Hospital, frente a la plaza de San Agustín.


El número 49 de la calle Robador albergó durante varios decenios un establecimiento de burras de leche. Burras que se ordeñaban para comercializar su leche. La función de la leche de burra era terapéutica. Un alimento-medicamento. Se suponía que mejoraba la fluxión de pecho de los enfermos de tisis y otras enfermedades respiratorias.

"la llet de burra a la nit, al malalt estova el pit".
 
Se alababa la facilidad con que la digerían los enfermos en periodo de convalecencia. También se usaba en el proceso de destete y como reconstituyente. Así que cuando en una familia alguien se encontraba en una de esas circunstancias una de las opciones era contratar el servicio de un establecimiento de burras de leche.
 
                                                                   La Vanguardia. 1893.
 
 
 
 
Durante el periodo de tiempo contratado, el burrero pasaría con las burras por el domicilio del enfermo y a la puerta del edificio y delante de alguien de la familia, ordeñaría la cantidad pactada. Era importante la presencia de un familiar del enfermo en el proceso de ordeño. Se trataba de un producto caro y no se podía descartar la posibilidad de que les diesen el pego y les proporcionasen un liquido que no era el solicitado.
 
 
                                                            La Vanguardia.  4 de marzo de 1891.



Fue popular, entre los años noventa del siglo XIX y finales del segundo decenio del siglo XX, el paso de las burras por las calles de Barcelona. Varios escritores las evocan en sus memorias, Sagarra, Gaziel; las mencionan Pitarra, Rodoreda, Pla. Recuerdan el asombro de los niños que fueron, a la visión del paso de 3 o 5 burras que llevaban al lomo una manta colorada con la dirección del establecimiento, el cuello rodeado de cencerros que precedian su marcha y guiadas por un burrero tocado con una gorra con visera.
 
                                                          Sagarra - Memories.
                          
 
 
 
De los varios locales dedicados a esta industria, el más popular fue el de la calle Robador. Probablemente por el ardid publicitario de cubrir a las burras con la manta de color rojo en donde se insertaba el nombre del establecimiento.


                                                            D'aci d'alla. Octubre de 1929. Autor desconocido.


                                        L'esquella de la Torratxa. 1915. Autor desconocido.



 
 
De hacer caso al texto de un anuncio del establecimiento de la calle Robador, en 1892 llevaba 60 años dando servicio al público, lo que situa a principios de los años treinta del XIX el origen del citado comercio que es aproximadamente la fecha en que se construyó el edificio del número 49 de la calle Robador. Es un dato poco verosímil.  En la guia de Barcelona El Consultor de 1857, se señala un local de la calle Picalquers como el que inaugura el comercio de leche de burra en Barcelona y situa su nacimiento dos años antes de la edición de la guia. Relaciona los lugares donde se puede adquirir leche de burra y entre ellos no aparece el establecimiento de la calle Robador.
 
                                                               El Diluvio. Enero de 1892.   
 
 
 
                                                           El Consultor. 1857
 
 

Parece que el negocio de las burras de la calle Robador desapareció a principios de los años veinte del siglo pasado. En 1920 se anuncia en La Vanguardia la venta del negocio. Un artículo de 1923 en L'Esquella de la Torratxa habla con sorpresa de la visión de tres burras de leche por las Ramblas. Como si fuese una visión que viniese de cuando el articulista era niño. algo que ya formaba parte del recuerdo y no de la realidad. No encuentro una relación contemporanea posterior a la de L'Esquella.

                                                                La Vanguardia. Julio de 1920.

jueves, 23 de febrero de 2017

La procesión del Corpus y la calle del Cid


 Branguli. 1925 a 1930. Procesión del Corpus a su paso por el Portal de Santa Madrona. Saliendo de la calle Montserrat y dirigiéndose a la calle Mediodía cuya esquina aparece en el extremo inferior a la izquierda. En la fachada de casas se ve el anuncio del Red Lion y el balcón engalanado con damasco probablemente pertenezca a  un prostíbulo.
 
 

En 1925, y tras cincuenta años de no celebrarse, la procesión del Corpus organizada por la parroquia de San José y Santa Mónica de nuevo recorrió las calles del barrio chino. Aún tratándose de un barrio modesto fue sonada y rumbosa la procesión y lo mismo sucedió en los años siguientes hasta la llegada de la República. No sé si casa mucho la calificación de rumbosa con una procesión, pero mirando la fotografía que abre el post y leyendo la relación de participantes y protectores, así me lo parece; no cabe duda de que era una procesión pomposa y magnífica que es una de las acepciones del termino rumboso. Competía y no desfavorablemente con las que tenían lugar en Gracia, en la Barceloneta y la que salía de la Catedral.

 
 
                              Sagarra. Primera mitad de los años treinta. Iglesia de San José y Santa Mónica en la Rambla de Santa Mónica.
 
 
 
 
Branguli. 1936. La iglesia con la techumbre caída tras su incendio por los milicianos en julio de 1936.  A nuestra derecha, se aprecia la estrechez de la calle Santa Mónica.
 
 
 

En 1927, la primera bandera estuvo apadrinada por los señores de Güell y la segunda por el marqués de Dos Aguas y la señorita Güell. Llevó el pendón el marqués de Dos Aguas y los cordones el marqués de Vilallonga y el señor Torrents i Font, concejal de Barcelona.

Antes de dar comienzo la procesión, se celebraba una misa de comunión para la asociación de portantes del palio, se bendecía la bandera de la asociación y se celebraba una segunda misa general con la intervención de un orador de campanillas buscado para la ocasión.
 
 
                                     La Vanguardia - 18 de junio 1927. Relación de actividades y participantes de alcurnia en la procesión de 1927.
 
 
Por la tarde, y acompañados por una banda de música, la procesión recorría la casi totalidad de las calles del barrio chino en un trayecto laberintico que permitía que ninguna de sus calles quedase sin la gracia de presenciar la ceremonia. Digo todas, pero es un todas por redondeo. Había alguna calle que quedaba excluida. Estaba la calle de Santa Mónica, pero era poco más que un callejón estrecho donde seguramente hubiesen tenido problemas los portantes del palio para atravesarla. sobre todo para vencer el angulo recto que hacía con la calle Montserrat. Quizá entonces era una calle aún más estrecha que ahora. Cuando se derriban los restos que quedan de la iglesia de San José y Santa Mónica tras su incendio en julio de 1936, se recorta parte del solar de la iglesia y la que ahora se levanta ocupa menos de la mitad del espacio que tuvo hasta 1936.

Y hay otra calle y sus aledañas donde no penetra la procesión. La calle del Cid y las tres calles que terminan en ella: Berenguer el Viejo, Mina y Perecamps. Mirando un plano no aparecen obstaculos a la marcha de la procesión que expliquen la exclusión de estas calles. Se puede pasar por cualquiera de las tres, entrar en Cid, y salir por otra de las calles. Solo caben dos posibilidades para entender que el recorrido las ignore. O bien pertenecen a otra parroquia y no toca que los habitantes de esas calles reciban los beneficios del paso de la procesión ¿pero entonces, a qué parroquia? O bien no se quiere pasar por ellas para no quedar contaminada la procesión por el paso de una calle tan señaladamente pagana en los asuntos sexuales. Hay un dato -aparte del hecho de que no parece que haya otra parroquia compitiendo con la de Santa Mónica por la posesión espiritual de los habitantes de estas calles- que apunta en la linea de la inquietud por entrar en la calle del Cid. En la reseña de la procesión de La Vanguardia de 1927, se indica que el año anterior no se registró el menor incidente. Es decir, los organizadores habían planteado la posibilidad de que ello sucediese.

 

                                                   Plano de la zona de un mapa de 1933. En rojo, las calles que recorre la procesión.
 
 
 
 
Burlas obscenas, alguien que desde un balcón hace un calvo, un travestido enseñando sus poderes a los portantes, una prostituta que muestra la mercancia... ¡a saber como hubiese reaccionado la señorita Güell! ¡¡¡y en que brete se hubiese encontrado alguno de los aristócratas para disimular ante el guiño de complicidad de cualquiera de los asiduos de la calle!!!. Claro es que el resto de calles del recorrido no pueden ser excluidas de la posibilidad de que se diesen ciertas conductas, pero la concentración en la calle del Cid aumentaría el riesgo y pudo dar miedo. Por no mencionar el arco voltaico que recibiría y bajo el que pasarían las imágenes religiosas: entre La Criolla y el Sacristan.
 
   Gabriel Casas i Galobardes. Se me hace difícil pensar en una procesión religiosa, no de las Carolinas, pasando por la calle  Perecamps y entrando en la calle del Cid bajo los anuncios del Sacristan y de La Criolla.


A expensas de mejor información, no descarto la posibilidad que apunto.

 


viernes, 17 de febrero de 2017

Alcázar Español. Calle Unión, 7.

                Alcázar Español decorado como taberna apache, a la moda de París.  Dibujo de Opisso. L'Esquella de la Torratxa. 1916.



A mediados del siglo XIX, y procedente de París, se extiende en España un tipo de local público que se llamará Café Cantante o Café Concierto, que arraiga con especial fuerza en Barcelona. Se trata de establecimientos donde el público, al tiempo que degusta las especialidades de la casa, distrae el tiempo viendo un pequeño espectáculo, baile flamenco, acrobacia, danza.

A final de siglo, tres de los cafés cantantes sobresalen sobre el resto. Los tres son salas de espectáculo que aún sobrevivirán durante decenios. El Café de la Alegria en Conde del Asalto 12, que a partir de 1887 se llamará Eden Concert; el Café Sevillano en la calle Ginjol 3, que con ocasión de la exposición de 1888 cambiará su nombre por el de Alcázar Francés, que luego se llamará Palacio de Cristal y que por último y durante años, hasta los albores de las Olimpiadas de 1992, conoceremos como La Buena Sombra; y el Café Concierto Barcelonés en la calle Unión 7, que más tarde será el Café de la Unión y ya en 1888 se llama Alcázar Español.
 
De los tres, el menos sofisticado fue el Alcázar Español. Escribía Passarell que el Alcazar era el preferido por los tocineros, tenderos varios y dueños de las tiendas de despojos del mercado de Sants. Allí se encontraban como en familia. Caras atocinadas y dedos gordos como salchichas. Cadena de oro macizo en el chaleco. Anillos llenos de piedras. Les gustaba presumir de cupletista en los palcos, pero temían el momento de pagar. Cuando habían visitado varias veces el local y ya se sentian con la suficiente confianza, pedían un descuento y regateaban.

En La Vida de Manolo de Josep Pla hay una semblanza del lugar: “En otras épocas fue muy bonito. Su propietario era el Mero. A la entrada tenía un local grande, vacío, sin mesas, al fondo se veía una puertecilla que daba a una especie de vestíbulo. Detrás, bajando unos peldaños, se llegaba al café que estaba en un cielo raso y algunos días tenía una claraboya que daba un aire espectral y vago al calor de nicotina de pipa que tenía el local.      
Era el café cantante típico, con galerías colgantes, frecuentado por aragoneses que todavía llevaban el pañuelo en la cabeza, por estudiantes gandules, golfos de piano de manubrio con las camisetas a rayas blancas y azules y su catadura de monos y gentes del hampa y del bronce. La estrella de la casa era la Trini, una mujer alta y gorda, de caderas apretadas, muy descarada con un peinado de cuatro pisos. La Trini cantaba con una insolencia provocativa”. 
 
Passarell recordaba la presencia de tenderos. Eran de importancia para la economía del local. La otra pata de sus finanzas eran los ingresos que obtenía del juego. El vaivén de los sucesivos gobernadores civiles, unos tolerando el juego, otros prohibiéndolo, varios aceptando un porcentaje de los ingresos que se conseguía por tal motivo, fue determinante en el camino de la sala de espectáculos hacia la nada.
 
La oferta artística del local se reducía a una suma de números musicales interpretados por chicas que cantaban con estilo regular, a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo, y cuya intención más o menos declarada  no era tanto triunfar en el mundo del espectáculo como atraer y atrapar a uno de los gordos tenderos.  En el Alcazar confluía el mundo de la pequeña burguesía y el de las chicas bonitas del proletariado catalán. Su mayor hito consistió en haber visto debutar a una joven Raquel Meller. Es mucho, pero es el único, aunque ya me hubiese gustado ver una zarzuela psicalíptica  como las que anunciaba El Diluvio en septiembre de 1910.
 
 
Para mejorar su atractivo, a temporadas alternaban los números musicales con la emisión de películas. En el  camino de la sala de espectáculos hacia la nada, en ese vuelo rasante  siempre a punto de tropezar con el suelo y que se compone de una suma  números musicales interpretados por  chicas que cantaban con estilo regular,  a las que se perdonaba su pobre voz porque lucían unos senos de escándalo, 
Fuera de los comentarios psicalípticos  que provocaba en las publicaciones semanales la entrada de una nueva artista con mayor o menor gracia en mostrar o insinuar sus encantos,  el Alcázar Español solo asomaba en la prensa con ocasión de algún suceso,  lo que en vista de la mezcla de grupos sociales que se daba en el local, no era inusual.
 
En 1914, el mantenido de una de las artistas de la casa disparó contra ésta por el motivo de que habiéndo gastado todo el dinero de la artista, le exigió que vendiese sus muebles para poder continuar con su vida licenciosa, a lo que se negó la artista. Preso de ira,  el maquereau entró en el local y le disparó un tiro que dio en el brazo. En el acto del juicio, el fiscal apreció varias atenuantes en favor del procesado, las de arrebato y obcecación por lo que solicitó que se le impusiera una pena de 6 meses. Suerte tuvo el sujeto de que la agresión sucediera a principios del siglo XX, que de haberse obcecado y arrebatado a principios del siglo XXI, le hubiese caido la del pulpo.





En la revuelta de mujeres de enero de 1918 en protesta por la falta de subsistencias a precio tasado, uno de los dias, el segundo de las manifestaciones, el 11 de enero, viernes, se concentra un grupo numeroso de mujeres en el Paralelo, gritando contra los acaparadores. Rechazan a los hombre que quieren unirse a la concentración y deciden cerrar los locales de espectáculo. Al llegar por la calle Unión a la altura del Alcazar Español, se encuentran bajadas las persianas de hierro. Las manifestantes rompen las puertas a hachazos (esa es la versión de El Diluvio, en otro medio hablan de martillazos), entran en el local y rompen lo que encuentran a su paso.
                                                                              La Hormiga de Oro. 19 de enero de 1918.


Cuenta Sergio Vila San Juan en su libro Una heredera de Barcelona  un episodio que vivió uno de sus  abuelos en su condición de abogado y en donde intervino una cantante del Alcazar Español de nombre artístico Maria Nilo. La tal artista fue secuestrada en 1920 por tres desaprensivos que la condujeron a un hotel con la intención de estrangularla y quedarse con las joyas que  Sebastiana Togores Gomila, que a los efectos administrativos así  se llamaba  la cantante,  llevaba siempre encima.  Se conoce que los tres delincuentes no eran personas bragadas y en el intento de terminar con la vida de Sebastiana, hicieron tanto ruido que  alertaron al personal del hotel que consiguió liberar con vida a la cantante.
                                                                                Mundo Gráfico 28 de enero de 1920
                                                           
 
 El 31 de octubre de 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, se decreta la prohibición del juego que puede haber sido la puntilla que en pocos meses terminó con la existencia del local. A los cuatro meses de la entrada en vigor del decreto, principios de marzo de 1925, el dueño del Alcázar Español, Emilio de Mayolas, mata a su cuñado de un disparo.  Al parecer, así lo cuentan las crónicas, el empresario había entregado a su cuñado un brillante valorado en 80.000 pta para que lo empeñase. El Alcázar Español tenía problemas serios de liquidez y Emilio de Mayolas necesitaba el dinero  que podía conseguirse del empeño del brillante para reflotar el local. Su cuñado aceptó el brillante y el empresario no volvió a ver ni el dinero que tenía que conseguirse, ni el brillante. Un rebote considerable que terminó con la vida de su cuñado.

A partir de ese momento, cierra el local, que  reabre un mes más tarde con el nombre de Parisiana.

                                                                      9 de abril de 1925. El Diluvio.


Tuvo una corta existencia el music-hall Parisiana. Al año siguiente, en el mismo espacio del Alcázar Español, se abrió un cine, el cine Barcelona. Cambió su nombre por el de cine Broadway en 1931 y por cine Unión con la llegada de la dictadura franquista. En 1969,  durante las obras de habilitación de un aparcamiento de coches que sustituiría al cine, se derrumbó el inmueble causando varios muertos.

                                                                      7 de febrero de 1926. Anuncio en La Vanguardia


                Casas i Galobardes. 1933-35. Ramblas esquina calle Unión. Sobre el techo del quiosko se ve un anuncio luminoso del cine Broadway.




                                                                                  Cine Broadway. 1932.

viernes, 10 de febrero de 2017

La vida de Manolo de Josep Pla y su uso como "semilla intertextualizadora"






                                                                     


Estoy con La vida de Manolo de Josep Pla, la biografía del escultor Manolo Hugue. Me interesa el retrato que hace de algunos lugares de lo que aún tardará en llamarse barrio chino de Barcelona a finales del siglo XIX, y al leer un párrafo me digo ¡Cáspita! (cáspita que es la traslación escrita del ¡coño! que grita mi cerebro al darse cuenta de que ese párrafo ya lo conocía o que conocía otro muy parecido que aparecía en otro libro). Busco y  rebusco y al final lo encuentro:   La pasión de la Bella Otero de Ramón Chao, un libro editado por Seix Barral en el 2005.   En el apartado 6 del Cuaderno V de la división del libro de Ramón Chao, me encuentro con varios ejemplos de lo que ahora se conoce como intertextualidad.

Comparo párrafos de uno y otro libro:


LA VIDA DE MANOLO: El Café del Puerto, de la Barceloneta, era un dels que donava més joc. Era un cafè cantant, de porta aspra pintada de color de sang de bou, una mica descolorit per l'aire de la mar i el salobre. Nit i dia era ple de mariners de tot el món, de descarregadors del moll, de dones i de lladres [...] La pastera dels daus marxava sense parar i s'aixecaven unes polsegueres formidables [...] Al xiringuito de Colom hi anavem a menjar un plat de bacallà a la llauna, a la matinada.
 
LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: Donde más se jugaba era en un café del puerto de la Barceloneta. Tenía una puerta pintada de sangre de toro un poco desvaído. Noche y dia estaba colmado de marineros de todos los países, descargadores de muelles y ladrones. Los pobres tomaban chinchón, oruxo gallego y vino de Cacabelos; los ricos ginebra y cerveza de Baviera. La mesa de juego, la pastera, trabajada sin cesar, y alrededor de ella se levantaban unas polvaredas enceguecedoras. Allí empecé a cantar por una cena para dos. Y nos apresurábamos jugar la calderilla que me tiraban al escenario. De madrugada íbamos al chiringuito de Colón a comer un plato de judías con butifarrón.
 
 
 
                                                                                                 Fot. Forcano. 1967.
 
 
 
 
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LA VIDA DE MANOLO: He conegut el Canyet, el Montes, el Galofre, el Rafel de Sants, que una vegada tirà un tret a un home i se li emportà l'anca. El Rafel de Sants es carregava les pistoles ell mateix i feia una metralla extranya, amb claus, boletes de ferro i gavarrots de sabata. Quan tirava un tret semblava que el món s'ensorrava

LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: Conocí a los grandes arrojados de aquella época, el Canyet, el Galofre, el Rafel de Sans, quien le pegó un día un tiro a otro jugador y se le llevó media nalga por delante. Todos cargaban ellos mismos sus pistolas, poniendo en las balas como metralla clavos, bolas de hierro y tachuelas de zapatos. Cuando disparaban un tiro parecía que se hundía el universo.



                                                                          Ramón Casas. Retrato de Manolo Hugue

 
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LA VIDA DE MANOLO: A l'Orient i al cafè de l'Océano, que era al carrer dels Tallers, es jugaba al burro. Al cafè de l'Alegria (avui Edèn Concert), al cafè de l'Unio (avui Alcazar) es jugaba al monte i a "bones i males". A molts cafès , els daus eren, ben entès, carregats i es feia trampa. Això per un cantó, i per l'altre les explosions de fatxendería que produeixen a casa nostra les cartes, originava esbrones terribles i gavinetades.
 
LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: En el café del Océano de la calle Tallers jugaban al burro. En el Edén-Concert y en el café de la Unión le daban al monte y a buenas y malas. En otros lugares se tiraban los dados. En todos los establecimientos las cartas estaban señaladas, los dados cargados, o se hacía trampa de cualquier otra manera. Las explosiones de marchosería que produce la baraja originaban broncas con puños y cuchilladas. A todo este mundillo lo amparaban las autoridades.

                                                                  Josep Llovera i Bofill - Eden Concert a finales del XIX


                                                                                   Eden Concert - c1900
 
 
 
 
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LA VIDA DE MANOLO: Es pot dir que vaix conèixer tots els lladres del meu temps. Els centres dels lladres eren dos balls del carrer de Sant Ramon que es deien "la Mesalina" i "El Petit Paris"

LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: También me hice amiga de casi todos los ladrones de mi tiempo. Solían concentrarse en dos salas de baile llamadas La Mesalina y El Petit Paris de la calle San Ramón.

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LA VIDA DE MANOLO: De vegades, als cafès, hi habia desafiaments de taula a taula i els valents es deien tremendes que duraben una hora grassa. El Montes que li deien el "Sumer" que vol dir senyoret en argot, va fer la societat dels valents, els passava la setmanada i ell es quedava a casa. Aquesta societat defensaba, per dir-ho amb el tòpic corrent, els interessos morals i materials del ram.



LA PASIÓN DE LA BELLA OTERO: A veces se lanzaban desafíos y se cruzaban tremendas, que así se llamaban los insultos. Al Montes le decían el sumer, que en argot quiere decir señorito. Llegó a formar una sociedad para defender los intereses morales y materiales del ramo. Les pasaba un semanal a todos y él se quedaba en casa. Estaba subyugada por aquella gente. Al entrar después en el gran mundo fui cambiando.

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