jueves, 14 de mayo de 2015

Einstein y el Barrio Chino


El domingo estuve en la Rambla del Centro buscando trazas del paso de Einstein por la zona durante su estancia en Barcelona entre los días 22 y 28 de febrero de 1923.

En el diario personal de Einstein,  el viaje a Barcelona se reduce a dos lineas que se resumen en la enumeración de tres o cuatro nombres personales y  la sola mención de un establecimiento, el Refectorium,  un restaurante que se encontraba en la Rambla del Centro, dentro de los limites canónicos del barrio chino.  Aunque hablar de barrio chino en 1923 no deje de ser una incongruencia histórica. Faltan dos años para que Francisco Madrid  escriba  su artículo en El Escándalo llamando barrio chino a lo que hasta aquel momento se conocía  como barrios bajos.

El Refectorium era un restaurante que estaba de moda en Barcelona.   En un sótano –catacúmbico, apostilla  El Escándalo- del número 36, 38 de la Rambla del Centro. Tenía un estilo de decoración a la manera medieval  que me hace pensar si no sería como esos lugares donde a los turistas les ponen una corona de cartón y les sirven carne asada acompañada de vinacho al tiempo que contemplan a  unos artistas haciendo un remedo  grotesco de justa medieval. Ahora resulta  kitsch un lugar semejante,  pero a saber entonces.  Inaugurado en 1917,  desapareció en 1926 y su lugar fue ocupado por un bar dancing, El Gato Negro.  


       Entrada al Refectorium. Arxiu Mas. (esta fotografía y la siguiente proceden del pirateo que he hecho al excelente                        blog Barcelofilia         http://barcelofilia.blogspot.com.es/  una fuente inagotable de información sobre   la                                         Barcelona  desaparecida).





Einstein, con cuarenta y pocos años, Premio Nobel de Física  desde dos años antes,  yendo de país en país dando conferencias  a las cuales,  junto a las eminencias científicas locales que entienden poco de lo que explica  acuden señoras empingorotadas  que no entienden nada, y saltando de homenaje en homenaje donde todos se sienten en la obligación de mostrarse agudos con aquel a quien   ven como expresión del punto más alto al que puede llegar la inteligencia humana (tanto es así que cuando Einstein llega a Madrid,  es recibido en loor de multitud y entre el público se oye un viva ¡Viva el inventor del automóvil!.  Que menos que el automóvil podía haber inventado ese señor tan inteligente).

                               

                                                                     Einstein en L'Espluga de Francoli. 



Entre las sevicias que recibe en el viaje a Barcelona, no es la menor la cena con la que le agasaja Rafael Campalans. Un aquelarre de nombres que esconden acertijos con resonancias científicas  para esconder una  comida de pollo y habas a la catalana.   


                         

                               El menú de la cena "relativista" ofrecida a Einstein por Rafael Campalans 
                                        (revista Quark, nº 26 - La cena "relativista" de Barcelona. Emma Sallent y Antoni Roca) 



Einstein acudiría al Refectorium y allí, uno más entre los clientes,  comería, bebería y participaría en la justa medieval. Entiendo que anotase el nombre del restaurante que quizá le permitió   descansar por un rato de su papel de genio.

Paridas las que digo que desmiente una nota de La Campana de Gracia que dice  lo que hizo el sabio en el establecimiento fue tomar un café con leche.  No  creo  que ese café con leche funcionase como una epifania  para llevar a Einstein a escribir el nombre del restaurante en su diario.  Paridas las mías y posibles mentiras las de La Campana de Gracia.




                                       Einstein a casa. La Campana de Gracia, nº 2802. 3 de marzo de 1923            


Esta es la relación  de Einstein con el barrio chino. Poca cosa es, pero es.  Hubo una vez que Einstein viajó  a Barcelona,   acudió a un restaurante de la Rambla del Centro  y registró el nombre del local  en su diario. Con menos que eso, cualquier ayuntamiento preocupado por el nivel científico de los escolares  y por fomentar un turismo que no se limite a emborracharse por poco coste,  monta un memorial y organiza visitas de colegios intentando que el ejemplo de Einstein estimule el interés por la ciencia de los escolares. Nada hay en la fachada del edificio que albergó el Refectorium que recuerde el hecho. Nuestro ayuntamiento debe de considerar que el paso de Einstein no merece  una simple placa. 

Hay otra relación entre la visita de Einstein y los barrios bajos, aunque no de la zona del barrio chino. Los anarquistas del sindicato único pidieron a Einstein que acudiera a la sede del sindicato de distribución  en la calle Baixa de Sant Pere. Aceptó Einstein y el día 27 se presentó en la sede de los sindicalistas. Allí fue recibido por Angel Pestaña y Joaquin Maurin  (a todo esto, Maurin estaba en todos los fregados. Ya hemos hablado en otra entrada del blog de su relación  familiar con Souvarine y quizá por esa vía con Georges Bataille).  Einstein aconsejó a los revolucionarios que leyesen la Etica de Spinoza fuente de satisfacciones sin cuento.  Al día siguiente, la prensa se hacía eco de las supuestas palabras que dirigió Einstein a los sindicalistas: "yo también soy un revolucionario, pero en el terreno científico, y como los científicos me preocupan también los temas sociales".

                            

                                                              ABC - 1 de marzo de 1923
                                                 

 Cuando Einstein se entera de las palabras que han puesto en su boca, las desmiente.  (Entrevista  que publica ABC al día siguiente, 2 de marzo      «Le ruego a usted -me dice Einstein- que rectifique las declaraciones que se me atribuyen. Es cierto que acepté la invitación de los sindicalistas; pero dije lo contrario de lo que escriben los periódicos. Dije que no soy revolucionario, ni siquiera en el terreno científico, puesto que quiero conservar cuanto se pueda y pretendo eliminar tan sólo lo que imposibilite el progreso de la ciencia. Dije que debía hacerse lo mismo en la sana evolución política. ¿Cómo hubiera podido pronunciar las palabras que se me atribuyen, puesto que vivo apartado de toda actividad política? Cierto que soy un sincero demócrata, me interesan los problemas sociales y deseo la igualdad de derechos para todos los seres humanos; pero no tengo fe en una sociedad socialista ni en el programa de producción de los comunistas.»)


La falta de huellas del paso de Einstein por la parte baja de la Rambla del Centro  forma parte del desinterés con que ayuntamiento, empresarios y ciudadanos  contemplan el deterioro paulatino de la zona.    Nada hay ahora que recuerde el pasado esplendido  de la parte de la Rambla del Centro  que se encuentra entre el edificio del Teatro Principal y Nou de la Rambla.
Donde, desde el periodo que va de la primera guerra mundial hasta nuestra guerra civil,   tuvieron su asiento algunas  de las salas de fiesta más afamadas de Barcelona ahora se ven parkings, badulaques, salones de máquinas tragaperras, algún hotel para turismo con pocos posibles y una impostada sala de flamenco.  Que no es tan solo esta zona la que se deteriora, prácticamente se puede decir lo mismo de cualquier otra lugar  del barrio chino. Hubo un pasado con un brillo que vieron y envidiaron el resto de europeos  donde ahora no hay apenas nada o a veces menos que nada.

En ese lugar de las Ramblas, tocando al Refectorium y más tarde a  El Gato Negro, en lo que entonces era el número 34 de la Rambla del Centro, estuvo el Excelsior

                                          
                                                      Josep Mompou - Cabaret Excelsior.
                                                            



El periodista Planes explicaba del siguiente modo la distribución del local:

                                        
                                                             Planes - revista Mirador. 1929




Entre los clientes del Excelsior se había visto desde el asesino de Rasputin hasta el general mexicano Victoriano Huerta.  Cuenta Josep María de Sagarra que en una ocasión encontró  sentados  alrededor de la misma  mesa, callados, viendo el espectáculo, a Rafael Gómez “El Gallo”, al ex campeón mundial de boxeo Johnson, y al ex sultán de Marruecos  Muley Hafid.  Ahora hay una discoteca para turistas.






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