domingo, 19 de abril de 2015

¿Pero hubo alguna vez chinos en el Barrio Chino de Barcelona?


La versión canónica del origen de la expresión “Barrio Chino” para referirse a la parte del Distrito V, ahora Raval, comprendida entre las calles Nou de la Rambla, Ramblas, Portal de Santa Madrona y Paralelo, dice que se debe a un comentario del periodista Francisco Madrid en el primer número de la revista El Escándalo en octubre de 1925.

Escribía en ese número, Francisco Madrid: La Mina es la gran taberna del “barrio chino”. Porque el distrito quinto, como Nueva York, como Buenos Aires, como Moscú, tiene su “barrio chino”.



                      La Mina. Frederic Ballell. 1913. Archivo Histórico de la   Ciudad de Barcelona.



La expresión tuvo éxito y fue rebotando de reportaje en reportaje hasta que se asentó en el habla de la gente y, ya desde finales de los años veinte, los barrios bajos de Barcelona fueron por muchos años el barrio chino.

Pero con la paternidad de los nombres sucede como con el origen de los grandes inventos y descubrimientos. Que casi siempre su progenitura es reclamada por varias personas. Lo mismo que pasa con el invento del teléfono o con la llegada de los europeos a América, que tienen varios candidatos que reclaman la autoria  del hallazgo o del invento, sucede con el origen de la denominación Barrio Chino de Barcelona.

En un reportaje de Sempronio que se publicó en la revista Destino en mayo de 1950, se transcribe un comentario de Angel Marsá reivindicando para si el hallazgo del título: “La paternidad de la denominación “barrio Chino” corresponde a un escritor extraordinario, a un hombre absurdo y originalísimo […]. Nuestro hombre se llamaba Miguel Toledano y solía firmar con el seudónimo Manuel Gil de Oto. Entre los muchos libros que Toledano publicó, impresos la mayor parte en imprentas de estas calles, figura una feroz diatriba contra los americanos. La obra, escrita en 1924, al regreso de un viaje de su autor  a los Estados Unidos, se titulaba “Los enemigos de América”. En su capítulo epigrafiado “Chinatown” , Toledano describía con intenso colorido el Barrio Chino de una capital yanqui. 

Y continuaba diciendo Marsá que poco después de la publicación de la obra de Toledano escribió él un reportaje en El Escándalo sobre una academia de ladrones en el sótano de una casa de dormir de La Mina y acordándose de la denominación Barrio Chino, usó la expresión para nombrar la zona donde se encontraba la academia. Y que más tarde Francisco Madrid, en Sangre en Atarazanas copió ese nombre.

Hay que decir en pro de la progenitura de Francisco Madrid que si Marsá alega en su favor que en un reportaje de El Escándalo llamó barrio chino a la zona alrededor de la taberna La Mina, resulta innegable que Madrid uso la misma expresión en el primer número de la publicación.

En varias webs, leo otra versión que se pone en boca de Sempronio. Como ignoro donde escribió Sempronio lo que le hacen decir y como parece que es un comentario que salta de web en web, la pongo tal como me viene sin mayores comentarios. “El cronista barcelonés Sempronio sostiene, sin embargo, que el nombre surgió en la década de 1920 cuando el gobernador civil Milans del Bosch, harto de los incidentes registrados en esta parte de Barcelona, escenario de las luchas entre anarquistas y pistoleros de la patronal, exclamó: "¡Estoy harto de eso del Distrito Quinto! Inventen otro nombre... Déjense de distritos. ¡Inventen! Por ejemplo, Barrio Chino".

Años más tarde, en 1934 y en una serie de reportajes en La Voz de Madrid, Francisco Madrid volvía a reivindicar para sí la  autoria del titulo de barrio chino que  entonces, en 1934,  explicaba por la visión que había tenido en su momento, en los años veinte, de un chino vendiendo collares en Arco del Teatro. Suena a explicación ad hoc, a justificación del nombre que se le ocurrió en el reportaje de El Escándalo, porque hasta los años treinta nadie habla de chinos vendiendo collares y porque los chinos vendían su mercancía en los bares de las Ramblas, todo lo más lejos que podían de las tabernas del Barrio Chino por miedo a que les robasen en algún antro.

El caso es que fuese quien fuese el padre de la expresión, pareció operar al modo de las profecías autocumplidas, la denominación por el hecho de formularse generó conductas que la convirtieron en realidad. Porque el caso es que tras el nombre llegó a haber chinos donde no se había visto hasta la fecha ninguno salvo el comentario que años más tarde hace Francisco Madrid.

Aparecieron los chinos. Un grupo de chinos que vendían collares por las Ramblas. Como quien dice un bazar chino ambulante. Y a la pregunta que algunos se formulaban, ¿si hay un barrio chino, donde están los chinos? se respondió mediante crónicas. Crónicas que pretendían reflejar un aspecto pintoresco del barrio más pintoresco de Europa, el barrio chino.

Los chinos que hasta entonces y gracias a los folletines y a las películas de aventuras evocan fumaderos de opio, trampas con cocodrilos que devoran a los incautos que osan entrar en sus dominios, pérfidas que observan tras las cortinas, Fu-manchu acariciándose el largo bigote mientras piensa el modo de esclavizar a los occidentales, son retratados como vendedores de bisutería en las Ramblas que viven hacinados en pisos oscuros del barrio chino y se alimentan de arroz y brócoli. Nos enteramos de que en la temporada de brócoli, solo comen brócoli.

Ya en junio de 1930 aparece un reportaje sobre los chinos, en el número 74 de la revista Mirador. Chinos que tienen un líder, Liau, alias “don Miguel”, el único de ellos que sabe hablar en castellano y que quizá por ese motivo viene a ser la persona a través de la cual se relaciona el grupo de chino con su entorno. “Don Miguel” calcula que son ocho los vendedores que hay en el momento de la entrevista en Barcelona y viven, ellos y sus familias, en pisos de las calles Guardia y Montserrat. Devotos de Chiang Kai Shek presidente del Koumimtang, salieron de China a causa de las guerras que asolan su país. Liau está casado con una de las hermanas Panaitescu, rumanas saltimbanquis que actuaron por España entre los años 1910-19.

En septiembre del mismo año, la revista Imatges que dirige Planes, publica otro reportaje sobre los chinos del barrio chino. Aparece un Liau con una biografía parecida a la del Liau del anterior reportaje, igualmente es el líder del grupo de chinos y quien habla castellano y sabemos ahora que financia la compra del material y les proporciona el alojamiento que les descuenta de los ingresos de las ventas. Pero a diferencia del anterior, de este Liau se nos dice que no está casado, ni con una hermana Papaitescu ni con nadie, y se encuentra en estado de soltería. Quizá las diferencias en los datos que proporcionan un reportaje y otro sean fruto de las dificultades de comunicarse con una persona con un castellano deficiente o que uno o los dos periodistas han puesto cosas de su propia cosecha.



                         Esta fotografía y las dos siguientes son de  Casas i Galobardes en el
                          reportaje de la revista Imatges. Liou es la persona que está frente a la
                         cámara, con traje oscuro,  y el resto,  vendedores de collares chinos.


                                                                      Vendedores de collares  chinos.   


                                                        La hija de uno de los vendedores.



El último reportaje que encuentro es de la revista Crónica de marzo de 1935 firmado por G. Trillas Blázquez. Nuevamente se menciona la zona del barrio entre las calles Guardia, Montserrat y Arco el Teatro como el lugar donde viven los chinos.
        Esta fotografía y las que siguen son de Torrents  en el reportaje de Crónica. Chino fabricando             sus  baratijas 



                                                         En las Ramblas. Bazar ambulante. 



El líder del grupo es llamado Liou por el periodista. Habla un castellano aceptable y sabemos que al llegar a España era artista de circo, lo que podría explicar como habría conocido a una de las hermanas Panaitescu como sabíamos por el primer reportaje, de no ser porque también se nos dice que esta casado con una española. Ay, el periodismo sobre el barrio chino. Se hace difícil juntar las piezas de sus puzzles.

                                                     Revista Crónica. Marzo de 1935





A partir del reportaje de Crónica, el silencio. Quizá se camuflaron en el ambiente. Los chinos, ya se sabe, son muy taimados. Quizá la decepción que les causó Chiang Kai Shek los llevó al comunismo y en la guerra civil perecieron o tuvieron que marchar al exilio. Quizá tanto brócoli perjudicó su salud. Esta última me parece la explicación más plausible a la falta posterior de noticias. Habría que investigar en los ingresos hospitalarios a partir de 1935 y en las memorias de los médicos de la época. Un deterioro de la salud por ingesta continuada de brócoli tiene que haber dejado huella.  El horror que musitaba  Kurtz en El corazón de las tinieblas. Y eso que Kurtz se había librado de comer brócoli cada día.

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Encuentro una noticia en el periódico El Diluvio anterior a los reportajes anteriores. En una breve reseña de mayo de 1928, se nos hace saber que un chino de nombre Tsin-Pel-Ze  que vive en la calle Montserrat, ha sido victima de una paliza que le han propinado varios de sus compatriotas. No satisfechos con la agresión, la han completado robando  una cantidad de dinero que la victima  llevaba encima. Los supuestos autores del hecho, de quienes se nos facilitan los nombres, han sido detenidos por la policía.

                                                                        El Diluvio - mayo de 1928

3 comentarios:

  1. Josep Marc, molt bona història i relat... com sempre, m'ha encantat!!!
    Felicitats pel "No te quejarás..."

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  2. També vaig llegir que "xinar" era tallar amb les gillettes d´afeitar les butxaques per robar les carteres als despistats.

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