lunes, 5 de diciembre de 2016

Mercados callejeros en el barrio chino

Las fotos hasta el inicio del texto son de una serie de Josep Domínguez de 1932 que se encuentra en el Arxiu Fotogràfíc de Barcelona. Se usó alguna para un reportaje del seminario l'Opinió ilustrando una entrevista laudatoria a Puig Munne publicada en junio de aquel año. 
Es posible que en aquello momentos, Puig Munne ya sintiera en su nuca el aliento de quienes le acosaban por un asunto de unas facturas poco claras y necesitaba generar una buena impresión ante la ciudadanía barcelonesa. 
Las fotos tienen la función de mostrar la situación de las calles antes y después de los cambios que propició Puig Munne.  En las dos primeras aparece Arco del Teatro repleto de paradas que invaden la calzada y hacen muy difícil avanzar, y en las siguientes, la misma calle tras la reforma que más tarde explicaré de Puig Munne.  Lo mismo, con la calle Mediodía, en donde aparece una calle repleta de paradas y gente, y la siguiente con las paradas en la acera y permitiendo el paso de vecinos.


                                                                                      Arco del Teatro

                                                                          Arco del Teatro

                                                                            Arco del Teatro


                                                                            Arco del Teatro



                                                                        Cuatro esquinas mirando a Arco de Cirés


                                                                 Cuatro esquinas mirando a Arco de Cirés.   

                                                                                      calle Mediodía


                                                                                   calle Mediodía


 
Al menos desde principios del siglo XX, existió en la calle Arco del Teatro y adyacentes (Cires, Mediodía, Olmo, Peracamps, Cid, Mina) un mercado callejero no sometido a control sanitario ni municipal alguno, que abastecía de alimentos y otros productos a las gentes del barrio chino. Cada día, desde la mañana a la caída de la tarde, se ocupaban aceras y parte de las calzadas con las paradas de los vendedores. Con el pasar de los años se fue dando una especialización de la venta según las calles. Así, en la calle Mediodía eran mayoría las paradas de pescado; en Peracamps, los encantes; en Arco de Teatro, frutas y verduras; en el resto de calles, un poti-poti variado.

En las pocas ocasiones en las que se aplicaron medidas policiales para desmantelar el mercadillo, quizá dos veces antes de la llegada de la segunda república, el resultado fue intrascendente y de corta duracion, y década tras década las calles continuaron a rebosar de la venta al menudeo de alimentos con graves carencias sanitarias. Al terminar la jornada, aceras y calzadas quedaban llenas de restos que cegaban los imbornales. Tal era el hedor en la calle del Mediodía que muchos no se atrevían a abrir las ventanas de la vivienda ni siquiera en verano.

 

1921. Merletti. Uno de los intentos de trasladar el mercadillo de pescado, en aquella ocasión al Paralelo.
 
 
 
Los restos orgánicos que dejaba la actividad del mercado eran usados por aquellos que criaban animales en las jaulas habilitadas en las pequeñas terrazas de las viviendas o incluso dentro de las mismas. Engordados con tronchos y pescado deteriorado, la carne de los animales (gallinas, conejos, algún cerdo) era vendida en las tascas de la zona.

 
 
  Margaret Michaelis. 1934. Vista de las galerías de un edificio del barrio chino, con varias jaulas para animales.

 
 
Con las elecciones municipales de abril de 1931 y la entrada en el gobierno municipal de ERC, el casi desinterés de los ayuntamientos anteriores por las condiciones de vida en el barrio chino viró a una preocupación que tenía la finalidad de modificar en lo poco que se pudiese las condiciones de vida contando con una pronta desaparición del barrio . Los republicanos eran contrarios a la propia existencia del barrio chino. No era una actitud privativa de ERC. Tampoco les gustaba a los anarquistas. Unas calles estrechas, sucias, húmedas, oscuras, unas viviendas que eran cuevas sin agua corriente y donde se amontonaban familias que no podían agenciarse otra habitación más saludable.

Por otro lado, republicanos (y anarquistas) estaban convencidos de que la falta de condiciones higiénicas de la trama urbana del barrio chino era un factor principal en el desarrollo de enfermedades sociales de las gentes del lugar; del humus urbano del barrio chino surgían batallones de ladrones, putas, maricones y drogadictos. Estaban convencidos de que la vía B que comunicaría la calle Muntaner con la Puerta de la Paz, con las viejas calles se llevaría los miasmas de la zona y desaparecerían las conductas antisociales.

En un primer momento, y como la vía B era un objetivo muy ambicioso para las mermadas arcas municipales, se abocaron al control de los mercadillos. Se nombró a Puig Munne delegado del ayuntamiento en el distrito V y se amplió su función al control de los mercadillos callejeros de toda Barcelona. Puig Munne estableció la tenencia de alcaldía del distrito V en unas dependencias del antiguo hospital de la Santa Cruz con un gran almacen anexo. Se instituyó la policía de ronda y se inicio la persecución del vendedor clandestino.


Cada calle tendría sus paradas numeradas, cada vendedor tendría que pagar una tasa, el veterinario velaría diariamente por la salubridad de los productos a la venta, y un equipo de la policia municipal se encargaría del pago de las tasas. En cada calle, se eligió a un presidente como correa de enlace entre el ayuntamiento y los intereses de los vendedores.

L'Opinió. Junio de 1932.
 
Esta foto y la siguiente parecen una performance que escenifica la represión de la venta ilegal. Autor desconocido.
 
 




Una mañana de junio de 1932, el alcalde Aiguader, con una surtida representación de los concejales y acompañado de varios prohombres de su partido en el distrito, recorrió la zona de mercadillos seguido por los periodistas. Un alcalde “estarrufat” de satisfacción explicando -y mostrando sobre el terreno- las ventajas de las medidas emprendidas por el consistorio. Ahora se podía circular por
las calles de mercadillo, había un puesto (numerado) para cada vendedor y un vendedor para cada puesto, se vigilaba la higiene de los alimentos, se decomisaba lo que no estaba en condiciones, y cada tarde, el vendedor, recogía la parada, colocaba los restos en los lugares habilitados al efecto y limpiaba con “zotal” (sic) el área de su parada. Tampoco era baladí a la satisfacción del alcalde, el hecho de que ahora, y por primera vez desde la existencia del mercadillo, los vendedores ambulantes pagaban una tasa al ayuntamiento.


 
 Casas i Galobardes. Principio de los años treinta. Calle del Cid tomada desde la calle Mediodía.


                                               Casas i Galobardes. Años treinta. Calle del barrio chino.



No debió de tan beneficioso lo que se había hecho, o como en anteriores ocasiones, las medidas municipales quedaron en poco por la pujanza salvaje de unos vendedores que sobrepasaban en mucho el número de paradas que había asignado el ayuntamiento e incumplían las normas dictadas, el caso es que el 26 de septiembre de 1934, dos años más tarde de la visita de Aiguader, el pleno del ayuntamiento aprobó la creación de unos mercadillos en varias zonas de la ciudad, incluidas la zona de Arco del Teatro y calles adyacentes. Las características de los mismos serían objeto de un estudio por el departamento de abastos que establecería, número de ellos, extensión, características, tasas a pagar por los vendedores, incorporación de un veterinario, etc. Es decir, dejaba para un futuro difuso la concreción de las medidas a tomar en los mercadillos.


                                         Margaret Michaelis. Calle del Olmo, esquina con Arco del Teatro. c1934.
 
 
                                       Margaret Michaelis. Calle del Olmo, esquina con Arco del Teatro. c1934.



Es posible que en la demora de la toma de medidas sobre los mercadillos influyese el hecho de que el motor principal del cambio, el sr. Puig Munne, el delegado del ayuntamiento en el distrito, fue destituido de todos sus cargos y expulsado del partido en verano de 1932, a raíz de un escándalo provocado por unas facturas poco claras.


Un nuevo pleno del ayuntamiento, del 6 de mayo de 1935 aprobó la habilitación de los llamados “mercadillos” en varios distritos en donde se permitiría bajo control de la reglamentación higienica y del peso, la venta de frutas, verduras y pescado fresco, quedando prohibida la venta de cualquier otra mercancía. Uno de los “mercadillos” sería el del las calles Arco del Teatro y adyacentes.


                                                      Josep Maria Sagarra. Años treinta. Prob. Arco del Teatro.



                                                             Josep María Sagarra. Años treinta. Prob. Arco del Teatro.



A todo esto, y contando además con que mientras los concejales dilucidaban las características del nuevo mercadillo la vida continuaba como solía en las calles del chino, en la calle Mediodía los vecinos, en donde recordemos que se instalaba diariamente el mercadillo de pescado, no estaban nada conformes con la función asignada a su calle Ni los industriales de la zona, es decir, los de los bares y casas de lenocinio estaban de acuerdo con el hedor nauseabundo de la zona, ni los habitantes de los tugurios que debian cerrar las ventanas incluso en verano. El ayuntamiento iba dando largas y posponiendo a un futuro la instalación de un mercado de pescado que no ofendiese varios de los sentidos corporales de los vecinos.

                                                              Katy Horna. Arco de Cires. c1937. AGA.

 



Llegó la guerra y continuó la ya costumbre del ayuntamiento de dar vueltas a las consideraciones sobre el mercadillo del barrio chino. Una nota de agosto de 1938 da cuenta de que ya se han habilitado dos de los tres mercadillos que se instalarán en el barrio y que es inminente su puesta en uso. El pescado se venderá en el mercadillo de las Atarazanas y las frutas y verduras en el mercadillo de la antigua calle de San Pablo, rebautizada como Fargas-Pellicer, en la esquina con Robador, en la zona conocida como la Galera. El tercer mercadillo, aún en proyecto y para el resto de productos, se ubicará en el solar de la antigua cárcel de mujeres.

                                                 Pérez de Rozas. Cruce en el barrio chino 4 de agosto de 1937. AFB.

 

Tras la guerra, una serie de fotografías de Branguli muestran un mercadillo floreciente en la calle del Portal de Santa Madrona y adyacentes. Los bombardeos y el deterioro de las calles del bariro chino habían surtido el efecto de trasladar a la zona de alrededor de Atarazanas las paradas del barrio chino.

Después ya vino "El Grabao", y  a principios de los cincuenta,  el mercado de la Virgen del  Carmen en el Paralelo.  Pero eso ya es para otro capítulo.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Antonio Valero, el ídolo del barrio chino.


Apenas tengo información sobre Antonio Valero, un boxeador que nació en Arco de Cires, en las entrañas del barrio chino, de procedencia tan humilde que sus conocidos tuvieron que hacer una cuestación para comprarle el equipo y que durante los años 1935 y 1936,  golpe a golpe se fue haciendo un nombre en el boxeo amateur de Cataluña.  Sus paisanos de las calles Arco de Cires, Mediodía, Arco del Teatro, salían a la calle cuando Antonio Valero ganaba, como era usual, al rival con el que se enfrentaba.

Tan solo  una foto de estudio de muy mala calidad porque procede de un periódico de la época, la crónica que firma un tal Warrior en Ultima Hora,  diario de la órbita republicana y alguna reseña dando cuenta de sus éxitos. Tenía 20 o 21 años cuando dio comienzo la guerra y a partir de aquel momento desaparece toda mención -o no consigo encontrarlas- al héroe de la calle Cires.

Por unos meses, la calle Cires no fue para el resto de barceloneses tan solo  esa calle sucia, húmeda, que aparecía en la prensa para dar cuenta de un nuevo  apuñalamiento y en donde el lugar más rumboso era la tienda de ropa de segunda mano de los hermanos Cuende. En ella vivía uno que le zurraba la badana a los rivales.


La crónica de Warrior en Última Hora. 28 de Enero de 1936







La última reseña en el tiempo que encuentro. El Diluvio. 26 de Junio de 1936. Noticia de un próximo combate.

sábado, 20 de agosto de 2016

La Criolla (introducción)

                                                            Josep Maria Sagarra. Carnaval de 1932 en la Criolla


En su corta existencia como local abierto al público, trece años, quizás tan solo once si excluimos el periodo de la guerra civil, La Criolla genera literatura, mucha literatura. Una jartá de literatura.
 
De los periodistas, escritores, cronistas, memorialistas que viven en Barcelona, o que no viviendo recalan en la ciudad en los años veinte y treinta, pocos se libran de la tentación de abrevar en las aguas corrompidas de La Criolla.
 
Y siendo tan numerosos los textos, apenas se encuentra en ellos sino una reiteración de lo mismo que dijeron otros antes. Se describe La Criolla que ya se “conoce” por referencias anteriores, la que se tiene en mente antes de visitar el lugar. Son artículos que tienen preparada la respuesta, la respuesta tópica, antes de que se formule la pregunta.
                                              Casas i Galobardes. Años treinta sin mayor precisión. Palcos de La Criolla.


Eso, si el escritor llega a entrar en la sala. Hay a quien le sale una crónica sin haber pisado su interior, ni siquiera le es preciso copiar. Todos saben que se cuece en el local, y es que La Criolla opera como una forma platónica y se puede describir una La Criolla ideal con tan solo emplear los pocos tópicos que sirven para caracterizar el antro. Las diferencias entre unos artículos y otros son más por el distinto modo en que el articulista combina los tópicos, que por otro motivo.  
 
Comentarios, citas, escritos, literatura alrededor de La Criolla, la permutación de unos pocos elementos se convierte en retrato costumbrista: Travestis, apaches, la cocó o mandanga, Paco el de La Criolla, Lluiset, orquesta estridente, baile endiablado, sudor y calor. Los más osados introducen a los anarquistas. 
                                                                  Agusti Centelles - La Criolla 1934
 
 
Alguno, no respetando las convenciones del género se desliza por un delirio inventivo, como aquel Max Massot redactor de Le Journal, que en 1933 escribe en su periódico que en La Criolla se baila con frenesí la danza catalana. Cabe suponer que se refería a la sardana. 
 
¿Y que decir del orgullo que nace del tópico?. Tenemos en Barcelona el antro más canalla de todo el planeta. “En mi vida he visto una cosa parecida, ni en Saigón, ni en Shangai, ni en Port-Said”. Es lo que le hace decir el reportero a Douglas Fairbanks padre al visitar la Criolla.
 
En Barcelona tenemos lo más de lo más en sordidez y sexo, que coño. Que se entere el mundo.
 
No es diferente Jean Genet en el Diario del ladrón disfrazado de mujer y llegando a una cota histérica cuando alguien le pisa el vestido. ¿homosexual y La Criolla? No hay ninguna duda, se viste de mujer y se comporta como la caricatura de mujer que el tópico reserva para los homosexuales.
                                                                      Casas i Galobardes. La Criolla.
 
La sociedad bienestante hace suyo el relato costumbrista y La Criolla se convierte en un punto de encuentro entre el bajo mundo del barrio chino y gente más adinerada que por unas horas quiere refrotarse con la canalla sin que la aventura haya de suponer mayores riesgos que el pago de unas consumiciones.
 
Poco más. Leemos y leemos y no tenemos claro que hay de cierto y cuanto de distorsionado cuando no de inventado; en cualquier caso continuamos sin saber cuando se abre el local, cuando se modifica, en que consistieron las modificaciones, como era su interior, cuantas veces lo cerraron, quienes eran sus dueños...
 
No me extraña la falta de información, ¿a quien le pueden importar una higa los datos históricos de La Criolla?. Importa de La Criolla que se subraye lo ya conocido, lo que confirma aquello que lo hace reconocible. El dato folcklórico, la maricona que araña y aúlla rabiosa.
                                                                        Casas i Galobardes. La Criolla.
 
 
 
El motivo de la fascinación de La Criolla entre la clase intelectual y la burguesía que busca emociones controladas, ese señalar lo inusual de La Criolla, ese que ni en Port Said lo he encontrado, es la presencia libre de homosexuales que se visten de mujer. No hay otra. No son las menores que se prostituyen, que las hay y lo sabemos porque las trincan en alguna redada y aparecen en la crónicas judiciales. No es la cocaína, hay cocaina en La Criolla, eso se dice, pero como la hay en tantos antros del barrio chino. No son los apaches que se desparraman por toda la zona, ni la mezcla de burgueses avidos de sensaciones y pequeña delincuencia. El hecho diferencial es la proliferación de homosexuales bailando tranquilamente, alguno travestido de mujer. Esa cantidad de homosexuales que no esconden su condición, es lo que para escritores y periodistas, ni que decir tiene que para las buenas gentes de Barcelona, señala a La Criolla como el lugar más emputecido del planeta.
 
      Casas i Galobardes. Detrás de la columna de la derecha, con camisa y corbata, sentado al lado de unos marineros, Pepe el de La Criolla. El factótum del local.
 
Alguien tan al limite como Bataille, una persona que pensó llevar a cabo un sacrificio humano para fundar una comunidad sagrada, cuando viaja a Barcelona en 1935, acude en dos ocasiones a la Criolla, que no llega a conocer porque la encuentra cerrada por obras. Se desquita haciendo que en El azul del cielo, el protagonista acuda dos veces al local, y recreando el comportamiento de Simone Weil en el garito, que aparece bajo la forma de Lazare. Simone Weil tan mística, acudiendo de forma habitual a la Criolla, eso le cuenta a Bataille el trotskista Aimee Patri, acompañante de Simone en sus correrías por el barrio chino. Todo ello, ese afán por visitar de Bataille, esa reiteración en la visita de Simone Weil, todo, para ver travestis.
                                                  La Muda. Una de las habituales de La Criolla. Revista Estampa 1933
 
 
Los travestidos de La Criolla se dejan querer, también es verdad que viven de la fama que rodea al antro, y alguna vez, con mucha más sutileza que la que puedan aportar los intelectuales, los empitonan. No va a ser tan solo el intelectual el que disfrute del juego. Los travestidos juegan y se ríen del que va a verlos como quien entra en un zoo.
 
Así sucede con Jacinto Benavente que, como no, durante una estancia en Barcelona visita La Criolla En la pista cantaba el Nancy. Terminada que fue la actuación y premiada con ardorosa ovación, el Nancy dijo a los espectadores: Me complazco gustosa en recoger estos aplausos cariñosos que no creo merecer y los dedico de todo corazón al ilustre dramaturgo don Jacinto Benavente, nuestro gran maestro que nos honra con su presencia y a quien debemos todo lo que somos.
Esto es profesionalidad, saber estar y vacilar todo lo que se quiere y más.



martes, 9 de agosto de 2016

Clínicas de enfermedades venéreas, tiendas de preservativos.

                     La Especial. Tienda de gomas en la calle Barbará, 22. Casas i Galobardes. Años treinta.



Desde que los barceloneses lo llamaban barrios bajos, es decir, desde sus orígenes como lugar habitado dentro de la trama de la ciudad, y hasta el presente en que perdido el nombre que lo hizo conocido en todo el mundo forma parte del Raval, el barrio chino siempre ha llevado aparejado, ocioso es decirlo, una gran oferta de sexo mercenario.

El tratamiento poco eficaz contra sífilis y gonorrea que convertía a los infectados en enfermos crónicos; la prevención de las prostitutas a visitarse en el dispensario municipal de sanidad por el temor a que una consulta médica derivase en un internamiento forzoso en el Hospital de la Magdalena (1) de lo que se seguía que un porcentaje de prostitutas enfermas continuaba trabajando; el desconocimiento de las vías de contagio de la sífilis (hasta que en 1905 se detecta el treponema en el fluido orgánico de un enfermo, se ignoraba la causa de la enfermedad); la gran oferta de sexo del barrio, todo ello llevó a una alta demanda de los servicios de las clínicas de enfermedades venéreas o como decía algún anuncio, enfermedades secretas.

Clínicas que durante el primer tercio del siglo, que es el periodo de tiempo que más interesa a este blog, disponían de un arsenal terapeútico limitado para tratar las enfermedades venéreas más usuales, sífilis y gonorrea. Faltaban años para que el descubrimiento de la penicilina se tradujese en una incorporación del antibiótico a la gavilla de tratamientos contra la sífilis. La sífilis se trataba con mercurio, poco eficaz y muy tóxico, y desde 1910 con Salvarsan (2).

Para la gonorrea eran usuales los lavados con permanganato de potasio o las cauterizaciones con nitrato de plata. Tratamientos dolorosos amén de poco eficaces. Hay un capítulo escalofriante en Los Thibault del premio nobel de literatura Roger Martin du Gard. El hermano mayor de la familia Thibault, que es médico, trata con nitrato de plata la gonorrea de un alto funcionario de estado, y a pesar de la anestesia previa con cocaina, el hombre sufre lo indecible. Yo leía la novela y se me encogía hasta un punto sorprendente aquel órgano corporal que en la novela es cauterizado con el nitrato de plata.

Junto a las clínicas de enfermedades venéreas, en el barrio chino se encontraba una oferta generosa de otros establecimientos destinados a impedir o a paliar las consecuencias no deseadas de los lances venusinos. Las tiendas de condones, por lo general llamadas gomas en los anuncios. Las farmacias que vendían apiolina para favorecer la menstruación, incluso si la mujer estaba embarazada. Con frecuencia, todos estos servicios, diagnóstico, asistencia médica, preservativos, irrigaciones a las embarazadas se ofrecían en el mismo local. Había farmacias que proporcionaban gomas, vendían la apiolina y en la rebotica aplicaban lavados o irrigaciones.
 
 
                                         Anuncio en La Farmacia Española. 1917
 
 

Los proveedores de servicios para cubrir las variadas demandas que generaban las enfermedades de transmisión sexual, se encontraban en todo el casco viejo, también en otros puntos de la ciudad, pero la mayor concentración tenía lugar en el por llamarlo de algún modo campo de batalla.

Relaciono las clínicas, establecimientos de gomas y aquellas farmacias que se anuncian ofreciendo alguno de los servicios anteriores en el barrio chino.

Entendiendo barrio chino en un sentido más amplio del que tuvo en la preguerra. El trapecio comprendido entre el Portal de Santa Madrona, Paralelo, Rambla de Santa Mónica y Conde del Asalto, lo que podría llamarse el barrio chino canónico, lo extiendo hasta la calle del Hospital que recoge tanto la zona que conocemos como el barrio chino de antes y el de después de la guerra. Los locales de sexo ya se encontraban en los años veinte y treinta del siglo pasado en varias de las calles del barrio chino de postguerra, San Ramón, Unión y Barbará, Robador, San Olegario, si bien no con el vuelo que tomaron tras la guerra.

Extiendo la pesquisa a la zona citada, pero como siempre durante el periodo anterior a la finalización de la guerra civil. En lo que conozco, indico año del que se tiene constancia de la actividad del establecimiento.




Calle Arco del Teatro.

-La Japonesa. Arco del Teatro, 1. (año 1924 a años sesenta).  De La Japonesa hablamos aquí: La Japonesa

-Antigua Farmacia Catalana.  Arco del Teatro, 24 y Este, 20. (año 1908). Curación de enfermedades secretas. Prontitud y economía.



Calle Barbará.

-Dr. Motilla. Barbará, 16. (año 1933 ). Venéreo y sífilis.
 
 
 
-La Especial. Barbará, 24. (año 1932). La Especial alardea en sus anuncios de prensa de ser la única casa en Barcelona que enseña un procedimiento infalible para comprar preservativos y el modo de usarlos para no enfermar. Lo que ahora llamaríamos un tutorial.



Calle del Cid.
 
Las dos casas de gomas que conozco están frente a La Criolla, a uno y otro extremo del local.

-Siempre Alerta. Tocando a la calle Peracamps. (año 1934).
     

-La Holandesa. Cid, 11. (año 1932). Cerca de la esquina con la calle de la Mina.
 

                            1932. Frente a La Criolla, se ve un letrero perpenticular a la pared donde se puede leer GOMAS. Muy probablemente se trate de La Holandesa.
 
 
 
Calle Conde del Asalto.

-Clinica Fontova. Conde del Asalto, 4 (año 1932). Tratan blenorragia (y garantizan su curación. Eso es poderio, máxime cuando en la fecha del anuncio no se conoce un tratamiento resolutivo). También tocan la avariosis (uno de los nombres de la sífilis).



-Clinica Barcelona. Conde del Asalto, 7. Drs Paituvi y Gisbert. Enfermedades venéreas. No conozco los años en que se mantuvo operativo el establecimiento.

-Clínica Dr. Torra Bassols. Conde del Asalto, 8 (año 1929). Males secretos.
     
     
     
     
     
    -Clinica Dr. Gallego. Conde del Asalto, 18 (años 1910 a 1932). Ya en 1910 utiliza el 606.
     
                                                                           Año 1910.
     
     
     
    -Instituto Medical Dermatológico y Electrotécnico del Dr. Lamarca Piñol. Conde del Asalto, 23 (año 1923). Enfermedades secretas.
     
     
     
     
    -Farmacia Paradell. Conde del Asalto, 28 (años 1914 a 1931). Las purgaciones (blenorragia) no resisten a los tratamientos Paradell. Las cabras (ladillas) exterminadas. Lavados.
     
     
     
     
     
    -Consulta médica. Conde del Asalto, 36 (año 1931). Curación radical de la sífilis con el método Fournier-Danforth (ni idea del método).
     
     
     
     
    -Clinica Universal. Conde del Asalto, 68 (año 1938). Sífilis. Purgaciones. Curación radical por un método electro-medico al que llaman ionización permanganica.
     
     
     

    -Clinica La Corona. Conde del Asalto, 95 (años 1928 a 1938). Enfermedades venéreas.
    Impotencia. Gomas higiénicas alemanas.





Calle Espalter

-Gomas La Mundial. Espalter, 6 (años 1925 a 1934). Calcetines reforzados para un solo pie. Por otro lado, es la única casa en España con un seguro contra rotura. ¿en que consiste el seguro? En un lavaje en el caso de que se rompa el preservativo.


                                                                                      1925
 
 
 
 
Calle Hospital

-Farmacia Minerva. Hospital, 70 (años 1933 a 1935). Lo usual, tratamientos novedosos y radicales contra la blenorragia. Impotencia. ¡Camaradas!Si eres lector de Solidaridad Obrera, presentando un recorte del anuncio inserto en las páginas del periódico, se te hace un descuento.


 



Calle del Portal de Santa Madrona

-Gomas higiénicas La Alemana. Portal de Santa Madrona, 8 (1935). Los preservativos se venden por gruesas, por docenas y por unidades. Los hay lavables y reforzados.


 

Calle Robador

-Gomas La Cosmopolita. Robador, 43 (1929). Preservativos, liquido y polvo para ladillas. Se venden cigarrillos Saphir que por el contexto en que se publicita (y porque cigarrillos los ofrecen otras casas de gomas) ha de tratarse de un tratamiento para alguna venérea. Pero no consigo información sobre los cigarrillos para tratar  (en mi hipótesis) las enfermedades secretas.



-La Bola de Oro. Robador, 47 (1929 a 1935). Se cuenta,  que el dueño del establecimiento,  homosexual, en ocasiones terminaba el lavado del cliente asustado con el riesgo de haberse contagiado, por medio de una felación. Como lo cuentan lo digo, aunque me parece una anécdota propia de una leyenda urbana. En 1935, el Colegio de Médicos de Barcelona sanciona a una persona del local de nombre Joan Vaquer a una multa de 250 pta por intrusismo profesional. Puede que se trate del dueño y en tal caso, seria la persona sobre la que recae la sospecha de actuar felatoriamente con sus clientes.

 
 
                           Butlleti del Sindicat de Metges de Catalulnya. Octubre de 1935.
 
 
 
 
Calle de San Olegario

-Gomas La Normanda. San Olegario, 22 (1932). Comercializan las gomas alemanas Krup, suaves como un guante.


 

Calle San Pablo

-Clinica Fargas Pellicer, antes conocida como Farmacia Inglesa. San Pablo, 18 (1922 a 1935). Lo usual, venéreas.

                                                                            1922
 
 
                                                                          1935


-Instituto Uro-Dermico del Dr. Montaña. San Pablo, 28 (1922). En el mismo edificio, en 1927 se anuncia el Dr. R. Domingo. Ambos tratan venéreas.


                        Tras el organillero, en el chaflán, se aprecia la entrada al número 28 de San Pablo.
 
 
Clinica Oriental o Gran Clínica Oriental (según el anuncio). San Pablo, 53 (1925 a 1929). Todo tipo de venéreas, impotencia, lavados, gomas. Se ofrece entrada reservada en la clínica por escalerilla propia si no se quiere perder la intimidad.


 

 

Clínica Casa de Salud. San Pablo, 66 (1931). Venéreas. Se aplica el 606 y el 914.



-


Calle de San Ramón.

La Mascota. San Ramón, 1 (1923). La que se anuncia con los dibujos más interesantes en la prensa de Barcelona. Quizá porque su propietario era Ramón Ballesté i Ferre, dibujante de Papitu y La Tuies.  La tienda dedicada en exclusividad a la venta de preservativos y polvos para ladillas.

Un familiar de Ramón Ballesté tiene un blog de lo más interesante en homenaje a su abuelo.  Aquí: La Mascota

Para información exhaustiva de la tienda de gomas La Mascota, encarezco que se entre en el blog sobre Ramón Ballesté. Yo subo unos cuantos anuncios. El primero de ellos un dibujo de Opisso.

                                                    Papitu. Calendario. 1932.










La Ideal. San Ramón, 29 (1929 en adelante). Gomas, cabras, lavados.










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(1) – Hospital de la Magdalena. Sifilicomio inaugurado en 1923 y fruto del empeño del general Martinez Anido por dotar a la ciudad de una institución cerrada donde las prostitutas enfermas fuesen atendidas y su problema de salud resuelto.


(2) – Salvarsán, un derivado del arsénico ideado por Ehrlich. También conocido como 606 por tratarse del compuesto número 606 de las tentativas del laboratorio de Ehrlich por encontrar una cura a la sífilis. Antes del 606, Ehrlich experimentó con 605 preparados distintos. Eso es constancia y eso es tener una idea claro de lo que buscas, como hallarlo y no rendirse ante los fracasos.